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sábado, 1 de diciembre de 2012

EL CINE Y EL MOVIMIENTO

Para entender el cine lo mejor que puede hacerse es leer El manifiesto de las siete artes del italiano Riccioto Canudo. La colección azul de Cátedra lo editó dentro de una antología titulada Textos y manifiestos del cine. ¿Qué dice, en pocas palabras (al fin y al cabo lo que más nos gusta es el cine), el manifiesto mencionado? ¿Qué es el cine? ¿Podemos definirlo en esta era que le huye a las definiciones, que las relativiza todas? Por lo menos podemos decir, con El manifiesto, que el cine es el séptimo arte. Sí, es el lugar común de la definición, pero va a esto: el hombre, en su instinto de no dejar escapar el mundo, finge la realidad de dos maneras: temporal y espacial. Las artes espaciales (arquitectura, pintura, escultura) contienen u ocupan las tres dimensiones que conocemos. Las temporales (danza, música, literatura) pretenden registrar, modificar, iluminar el paso del tiempo.

El cine finge la realidad de ambas maneras. Sintetiza los dos tipos de artes. Reúne a la arquitectura, a la pintura, a la escultura, a la danza, a la música, a la literatura en una sola pantalla que ocurre en el tiempo. Canudo hablaba, por eso, de un séptimo arte. Cuando él lo decía sonaba menos tonto que ahora. Él lo decía por primera vez. Y no lo decía ni en vivo ni en directo. Estaba fascinado con el nuevo invento, una máquina llamada cámara que durante muchos años (el manifiesto aparece en 1914, casi veinte años después de la famosa primera proyección organizada por la familia Lumiére), durante mucho tiempo fue vista como un instrumento de laboratorio, una ayuda para el necesitado mundo de la ciencia. Quería, Canudo, hacer caer en cuenta a los hombres de ese nuevo siglo, el siglo pasado, que todo estaba cambiando. Que el planeta, en un par de años, sería otro planeta por cuenta de ese arte que ponía en juego todos los sentidos, y, de paso, reunía a la gente alrededor de una nueva fe: la fe en el movimiento.

Pero estamos definiendo el cine. Y ya hemos dicho que es el séptimo arte. ¿Tenemos algo que decir de su lenguaje?, ¿es el cine un lenguaje diferente al de los demás lenguajes? Por supuesto que sí. El cine es un lenguaje hecho de imágenes sucesivas, simbólicas y en movimiento. Y, puesto que como cualquier técnica artística (piensen en la pintura o en la música) cumple sin querer o queriéndolo con la función de documentar el mundo, podríamos hablar de que hay dos tipos de cine: el documental y el argumental. Los dos se cruzan todo el tiempo, no cabe duda, las ficciones documentan y los documentales reordenan el mundo a su antojo (las dos, por supuesto, se valen en últimas del mismo lenguaje), pero son más bien diferentes en sus propósitos: los documentales, a través de una mirada que querría ser objetiva, buscan hacernos evidente, cercana, próxima una realidad que ha vivido al tiempo con la nuestra; las ficciones cinematográficas, por medio de una mirada que aspiraría a la subjetividad, pretenden desmontarnos (esto es, obligarnos a criticar e interpretar) una realidad que se parece a la nuestra.

Pronto, en la búsqueda de una estructura para narrar ficciones con la cámara, se adoptó la estructura dramática que Aristóteles describió en uno de sus tratados. Se adoptó, mejor dicho, la misma forma como le contamos a un amigo una historia que acaba de sucedernos: el principio, el medio y el fin, los tres actos del teatro, los tres momentos de cualquier relato, la presentación de unos personajes, la aventura que trata de reparar un mundo y la resolución que responde una serie de preguntas. No sólo eso. También se adoptó la posición del espectador de una obra de teatro como el lugar en donde debía estar la cámara. Si ustedes ven las primeras películas, no verán esos ángulos arriesgados (de cámara de seguridad de tienda de ropa) tan de moda por estos días, ni notarán diferentes planos o movimientos extraños, sino, simplemente, un cuadro por el que se mueven una serie de personajes. Igual que cuando vamos a teatro.

El cine, pues, cuenta historias. Y lo hace de manera dramática: en tres momentos. Pero puede no hacerlo si no quiere. Puede no contar nada o hacerlo en dos momentos. Lo que pasa es que tiene que hacerlo muy bien. Tiene que convencernos de que era mejor hacerlo de ese modo. El cine tiene algo en común con las demás artes: en esta era de indefiniciones, en esta época que no se atreve a decir "las cosas son así o así", tiene que rendirle cuentas a los espectadores, cumplir las promesas que hace, responderle a un lenguaje que es el suyo, y no romper sus propias convenciones porque sí, porque no hay jefes en el mundo del arte, sino porque algo quiere decir de esa manera. Sea lo que sea.

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