Para entender el cine lo mejor que puede hacerse es leer El manifiesto
de las siete artes del italiano Riccioto Canudo. La colección azul de
Cátedra lo editó dentro de una antología titulada Textos y manifiestos
del cine. ¿Qué dice, en pocas palabras (al fin y al cabo lo que más nos
gusta es el cine), el manifiesto mencionado? ¿Qué es el cine? ¿Podemos
definirlo en esta era que le huye a las definiciones, que las
relativiza todas? Por lo menos podemos decir, con El manifiesto, que el
cine es el séptimo arte. Sí, es el lugar común de la definición, pero
va a esto: el hombre, en su instinto de no dejar escapar el mundo,
finge la realidad de dos maneras: temporal y espacial. Las artes
espaciales (arquitectura, pintura, escultura) contienen u ocupan las
tres dimensiones que conocemos. Las temporales (danza, música,
literatura) pretenden registrar, modificar, iluminar el paso del tiempo.
El cine finge la realidad de ambas maneras. Sintetiza los dos tipos de artes. Reúne a la arquitectura, a la pintura, a la escultura, a la danza, a la música, a la literatura en una sola pantalla que ocurre en el tiempo. Canudo hablaba, por eso, de un séptimo arte. Cuando él lo decía sonaba menos tonto que ahora. Él lo decía por primera vez. Y no lo decía ni en vivo ni en directo. Estaba fascinado con el nuevo invento, una máquina llamada cámara que durante muchos años (el manifiesto aparece en 1914, casi veinte años después de la famosa primera proyección organizada por la familia Lumiére), durante mucho tiempo fue vista como un instrumento de laboratorio, una ayuda para el necesitado mundo de la ciencia. Quería, Canudo, hacer caer en cuenta a los hombres de ese nuevo siglo, el siglo pasado, que todo estaba cambiando. Que el planeta, en un par de años, sería otro planeta por cuenta de ese arte que ponía en juego todos los sentidos, y, de paso, reunía a la gente alrededor de una nueva fe: la fe en el movimiento.
Pero estamos definiendo el cine. Y ya hemos dicho que es el séptimo
arte. ¿Tenemos algo que decir de su lenguaje?, ¿es el cine un lenguaje
diferente al de los demás lenguajes? Por supuesto que sí. El cine es un
lenguaje hecho de imágenes sucesivas, simbólicas y en movimiento. Y,
puesto que como cualquier técnica artística (piensen en la pintura o en
la música) cumple sin querer o queriéndolo con la función de documentar
el mundo, podríamos hablar de que hay dos tipos de cine: el documental
y el argumental. Los dos se cruzan todo el tiempo, no cabe duda, las
ficciones documentan y los documentales reordenan el mundo a su antojo
(las dos, por supuesto, se valen en últimas del mismo lenguaje), pero
son más bien diferentes en sus propósitos: los documentales, a través de
una mirada que querría ser objetiva, buscan hacernos evidente,
cercana, próxima una realidad que ha vivido al tiempo con la nuestra;
las ficciones cinematográficas, por medio de una mirada que aspiraría a
la subjetividad, pretenden desmontarnos (esto es, obligarnos a
criticar e interpretar) una realidad que se parece a la nuestra.
Pronto, en la búsqueda de una estructura para narrar ficciones con la
cámara, se adoptó la estructura dramática que Aristóteles describió en
uno de sus tratados. Se adoptó, mejor dicho, la misma forma como le
contamos a un amigo una historia que acaba de sucedernos: el principio,
el medio y el fin, los tres actos del teatro, los tres momentos de
cualquier relato, la presentación de unos personajes, la aventura que
trata de reparar un mundo y la resolución que responde una serie de
preguntas. No sólo eso. También se adoptó la posición del espectador de
una obra de teatro como el lugar en donde debía estar la cámara. Si
ustedes ven las primeras películas, no verán esos ángulos arriesgados
(de cámara de seguridad de tienda de ropa) tan de moda por estos días,
ni notarán diferentes planos o movimientos extraños, sino, simplemente,
un cuadro por el que se mueven una serie de personajes. Igual que
cuando vamos a teatro.
El cine, pues, cuenta historias. Y lo hace de manera dramática: en tres
momentos. Pero puede no hacerlo si no quiere. Puede no contar nada o
hacerlo en dos momentos. Lo que pasa es que tiene que hacerlo muy bien.
Tiene que convencernos de que era mejor hacerlo de ese modo. El cine
tiene algo en común con las demás artes: en esta era de indefiniciones,
en esta época que no se atreve a decir "las cosas son así o así",
tiene que rendirle cuentas a los espectadores, cumplir las promesas que
hace, responderle a un lenguaje que es el suyo, y no romper sus
propias convenciones porque sí, porque no hay jefes en el mundo del
arte, sino porque algo quiere decir de esa manera. Sea lo que sea.

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